«El servicio a Dios será recompensado. A quienes dedican su vida a Su servicio, se les promete una recompensa inestimable» (Testimonios para la Iglesia, vol. 4, pág. 107).
«Por cada sacrificio realizado en Su servicio, habrá una recompensa: la sobreabundante riqueza de la gracia» (El Deseado de todas las gentes, pág. 249).
«Nuestra recompensa por trabajar con Cristo en este mundo será una fuerza aún mayor y un privilegio más amplio para trabajar con Él en el mundo venidero» (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 361).
Base Para la Evaluación
«El valor del servicio a Dios no se mide por la duración del tiempo dedicado al trabajo, sino por el espíritu con el que se realizó» (Testimonios para la Iglesia, vol. 9, pág. 74).
«Su éxito en el crecimiento de la vida espiritual depende de la multiplicación de los talentos que les han sido otorgados. Su recompensa futura corresponde plenamente a la honestidad y seriedad con la que sirven al Señor» (Review and Herald, 1 de marzo de 1887).
«El Señor tiene una obra enorme por realizar, y en la vida futura dará lo mejor a quienes, con mayor fidelidad y sin coacción, realicen el servicio aquí, en la vida presente» (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 330).
«Aquellos que llegaron a la viña a las once estaban agradecidos por la oportunidad de trabajar. Sus corazones estaban llenos de gratitud hacia quien los contrató; y cuando al final del día el dueño les pagó por una jornada completa, se asombraron enormemente. Sabían que no merecían tal recompensa. La bondad del dueño los llenó de alegría. Nunca olvidarían la recompensa por su labor. Lo mismo sucede con el pecador que, reconociendo su indignidad, entra en la viña del señor a la undécima hora. Siente que el tiempo que le queda para servir es tan corto que no es digno de una recompensa significativa; pero está lleno de gozo porque Dios lo haya aceptado. Trabaja con confianza y humildad, agradecido por la oportunidad de ser colaborador de Cristo. Dios se complace en honrar el espíritu de un trabajador así» (Palabras de vida del gran Maestro, págs. 397, 398).
Recompensa Segura
«Aquel que ha encomendado a cada uno una tarea según sus capacidades, siempre recompensa el cumplimiento fiel del deber. Todos los casos de fidelidad y devoción serán distinguidos con señales especiales del favor y la aprobación de Dios. A cada trabajador se le ha dado la promesa: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Sal. 126:5, 6)» (Testimonios para la Iglesia, vol. 5, pág. 395).
«Y por pequeño que sea nuestro servicio, por humilde que sea nuestro trabajo, si seguimos a Cristo con fe sencilla, no seremos defraudados, recibiremos una recompensa digna. Lo que no será otorgado ni siquiera a los más grandes y sabios, podrá alcanzarlo el más débil y humilde. Las puertas de oro celestiales no se abren para los que se ensalzan a sí mismos. No se levantarán ante los orgullosos de espíritu. Pero se abrirán de par en par las entradas eternas ante el débil toque de un niño. Benditas serán las recompensas de la gracia para quienes trabajaron para Dios en la sencillez de la fe y el amor» (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 404).
«En esta vida, nuestro trabajo para Dios parece casi infructuoso. Nuestros esfuerzos por hacer el bien pueden ser fervientes y persistentes, y sin embargo, parece que no nos está destinado ver sus resultados. Puede parecernos que nuestros esfuerzos han sido en vano. Pero el Salvador nos asegura: nuestro trabajo está registrado en el cielo y la recompensa no tardará» (Testimonios para la Iglesia, vol. 6, pág. 305).
(E. White, Servicio Cristiano, De la sección “La recompensa del servicio”, págs. 380-383)


